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XIV CONGRESO DE
LA FEDERACIÓN DEMOCRÁTICA INTERNACIONAL DE MUJERES
(FDIM)
Declaración de
Caracas
El XIV
Congreso de la Federación Democrática Internacional de Mujeres,
celebrado en Caracas entre el 8 y el 14 de abril de 2007, se
declara heredero de las heroicas luchas de las mujeres y de los
pueblos del mundo entero.
Nuestros 62
años de existencia tiene sus raíces en la lucha de las mujeres
contra el fascismo, por la independencia nacional y por la paz
sobre nuestro globo terrestre.
Cuando en
diciembre de 1945, se realiza nuestro Primer Congreso mundial,
mujeres de cuarenta y cuatro países de las latitudes más remotas
de la tierra, traían consigo la esperanza, el anhelo, la
convicción de un mundo mejor, sin discriminación, sin desocupación,
sin hambre, un ideario de paz digna de ser vivida.
Aún resuena en
París, clara y vibrante la voz de Madame Cotton, primera
presidenta de la FDIM, hablando sobre la "condición jurídica de la
mujer", la necesidad de unir a las mujeres en defensa de nuestros
derechos y la de nuestros hijos, y la imperiosa necesidad de
levantar una gran muralla de voluntades y acciones para construir
una paz mundial duradera.
Desde entonces
mucha agua corrió bajo el puente: la Revolución Cubana, la derrota
del imperialismo norteamericano en Vietnam, la liberación de las
colonias africanas y asiáticas.
Cómo no
proclamarnos herederas de las valientes mujeres cubanas,
vietnamitas, palestinas, de las africanas, las asiáticas?, si son
ejemplos que llenan de orgullo y dignidad a la FDIM y a sus
mujeres.
El mundo ha
cambiado, no siempre para bien de la inmensa mayoría del
universo; pero hoy, otros vientos soplan sobre el planeta y
fundamentalmente en nuestra América Latina.
No es casual
que nuestro XIV Congreso se realice en la Venezuela de Bolívar y
de Manuelita Sáenz. El proceso revolucionario de Venezuela, junto
a la Cuba digna, heroica, farol de América en noches de zozobra,
es la esperanza de nuestro continente y el mundo.
Por ello con el
mismo ardor, vehemencia, con el mismo compromiso de entonces,
decimos: somos una fuerza heredera de las mujeres soviéticas, de
las de todos los países de Europa que lucharon contra la ocupación
nazi fascista, el falangismo; de las africanas que lucharon contra
el colonialismo. En la historia más reciente las vietnamitas,
palestinas, cubanas, salvadoreñas, guatemaltecas, nicaragüenses,
las que en situaciones difíciles levantaron nuestros derechos; por
el sufragio, la justicia salarial y mejores condiciones de trabajo,
por la igualdad jurídica de la mujer: obreras, campesinas,
indígenas, intelectuales, profesionales, que siempre estuvieron
junto al pueblo.
Las venezolanas
que defendieron y defienden su Revolución Bolivariana, aún al
precio de sus vidas y la de sus hijos.
Somos y
seremos mujeres en lucha para transformar el mundo y alcanzar el
bienestar sostenido y sustentable, con justicia económica, social,
política y de género, incluida la indispensable lucha por los
derechos de la mujer trabajadora.
Somos mujeres
de todas las edades, credos, religiones, identidades, culturas, de
diferentes niveles de instrucción. Estamos convencidas de nuestras
fuerza y compromiso con la vida, sensibles al dolor de nuestros
pueblos, abrimos nuestros corazones, nuestra inteligencia y
accionar en pos de millones de seres humanos que necesitamos,
queremos y haremos el cambio del injusto orden económico, social,
político y patriarcal, impuesto por la globalización neoliberal.
Queremos un
mundo de paz sin armas nucleares, y por ello exigimos su
eliminación y condenamos la escalada imperialista de
militarización del planeta y en particular, la guerra de agresión
del gobierno de los Estados Unidos y sus aliados contra Afganistán,
Irak, Líbano, Palestina.
Repudiamos el
Plan Colombia, que ensangrienta y extiende sus tentáculos hacia
Ecuador y Venezuela; el intento de apropiación del Acuífero
Guaraní, en la Triple Frontera, su militarización y el objetivo de
establecer nuevas bases militares en la zona con el pretexto del
terrorismo.
La paz para
nosotras no es ausencia de guerra o conflicto armado, no es la paz
de los cementerios, ni la paz impuesta para sojuzgar a nuestros
pueblos. La paz para nosotras se construye con pan, trabajo,
vivienda, salud, educación, y seguridad social pública y universal
gratuita, con respeto por lo diferente, con soberanía nacional,
con independencia económica y política, con la integración de
nuestros pueblos.
Para nosotras,
mientras existan explotadas y explotados, hambrientas y
hambrientos, excluidas y excluidos, no habrá paz. Por eso es
necesario cambiar el sistema capitalista. Asimismo es necesario
cambiar el orden patriarcal para eliminar la asimetría de poder
entre varones y mujeres.
Queremos un
mundo con igualdad entre varones y mujeres, donde la igualdad sea
real y efectiva. Condenamos la guerra silenciosa que el gran
capital transnacional ha impuesto con sus políticas neoliberales,
generando hambre, desnutrición, miseria, analfabetismo,
desigualdades en el mundo, males que nos afectan fundamentalmente
y con particular fuerza a nosotras.
Condenamos la
invasión mediática de las transnacionales de la información y la
industria del entretenimiento, que pretende eliminar nuestra
cultura e identidades nacionales.
Queremos un
mundo con desarrollo sostenido y sustentable, y por ello exigimos
acciones decisivas que permitan detener la destrucción del medio
ambiente que pone en peligro la vida sobre el planeta.
Queremos un
mundo donde cada ciudadana y ciudadano sienta respetados sus
derechos y por ello exigimos la eliminación de todas las formas de
discriminación y violencia contra la mujer; desplazamiento,
exclusión de inmigrantes, trafico de mujeres y niños, explotación
sexual, prostitución, asesinato y tráfico de drogas así como la
eliminación de los obstáculos al acceso de los recursos y empleo
en igualdad de condiciones que propicien la autonomía económica.
Creemos que
ello es posible mediante la construcción de ciudadanía plena, que
incluya la construcción jurídica, económica, social, ética, de
sentido de vida, de historia de proyecto de democracia. No
podemos considerar que exista ciudadanía plena cuando existen
hambrientas/os, marginadas/os, excluidas/os, analfabetas/os, y las
mujeres estemos subordinas al patriarcado.
Queremos un
mundo con pleno acceso a la cultura y al conocimiento para todas y
todos, y por ello exigimos la abolición de las vías y medidas que
permiten homogeneizar y mercantilizar los bienes y servicios que
son patrimonio de las mujeres y de toda la humanidad,
transformados en privilegio para algunos.
Para nosotras
el empoderamiento no es sólo cuotas de poder, votar y ser
elegidas. Es apropiarse de la conducción de nuestras vidas, es
participar en forma activa en el diseño de las estrategias de
desarrollo nacionales, es tener presencia activa en los sectores
económicos, sociales y políticos que deciden, es hacer valer el
derecho a ejercer nuestros derechos.
Empoderamiento
es, fundamentalmente, construir poder popular que tenga en cuenta
a varones y mujeres, poder que hará invencibles a nuestros pueblos
frente al imperialismo. Es construir un poder diferente, que no
explote, que no oprima, que no sojuzgue, capaz de destruir
definitivamente el patriarcado y al imperialismo.
Las mujeres no
somos un sector, ni un grupo, ni un tema. Estamos en todos los
sectores y en todos los ámbitos de la sociedad, por ello estamos
convencidas que son la diversidad y la transversalidad las que nos
dan la riqueza volcánica de nuestras visiones y propuestas. Esa
diversidad es la que genera iniciativas creadoras, la que mata el
esquema y la mediocridad del pensamiento único.
Por ello
nuestra exigencia se basa en la necesidad histórica de incorporar
a toda la experiencia acumulada, nuestra reflexión, teniendo
presente la situación económica, social, cultural y política de
cada continente, de cada región, de cada país.
Reflexión que
implica el enriquecimiento permanente de nuestra práctica
cotidiana, al tiempo que nos permite la elaboración de nuestra
propia teoría como Federación Democrática Internacional de Mujeres.
Una teoría elaborada desde nuestra propia práctica y acción, que
sea capaz de apropiarse de lo más avanzado del pensamiento
revolucionario y feminista.
Caracas, 13 de
abril de 2007
Aprobada por
unanimidad |